A la ciudad le falta mucho trabajo para ser inclusiva con los ciegos. Sólo en diez años, dicen los optimistas, tendremos una Medellín educada y para todos, inclusive para los ciegos.La exclusión de la sociedad con los ciegos es el principal problema de este grupo de población en Medellín. No tener espacios apropiados y no ser tomados en cuenta contrasta con la evolución en infraestructura y en educación que desarrolla el gobierno municipal.
La administración local destinó una suma superior a 2.285 millones de pesos para arreglar las losas de la Avenida Oriental en un plazo de cuatro meses. Contrasta esa inversión con el proyecto de rehabilitación basado en la comunidad, de la Secretaría de Bienestar Social, que atiende a los discapacitados de la ciudad, que tiene un presupuesto menor de $600 millones para 2006 y 2007.
En Medellín las políticas públicas en relación con los invidentes y demás discapacitados han sido ignoradas sistemáticamente por cada administración. Los recursos son ínfimos y a cuenta gotas. Por eso, de los ciegos en nuestra urbe, nada qué ver.
En Medellín las políticas públicas en relación con los invidentes y demás discapacitados han sido ignoradas sistemáticamente por cada administración. Los recursos son ínfimos y a cuenta gotas. Por eso, de los ciegos en nuestra urbe, nada qué ver.
La historia de Giovanni
Medellín, 6 y 30 de la mañana. Con una precisión asombrosa, Giovanni se levanta y arregla su ropa. Luego se organiza para salir pero, antes, desayuna y escucha un poco de noticias en la radio. Se mueve en el espacio de su casa de una manera lenta pero armoniosa. No tropieza y cada objeto que busca está en su lugar. Giovanni es ciego de nacimiento. Su vida de oscuridad se ilumina por su inteligencia. Él es abogado de la Universidad de Antioquia, litiga y es presidente de la Unión Colombiana de Limitados Visuales.
Luego de tomar el
Lo primero que hace es encender el
La misma voz del computador le indica quién le ha escrito y lee, de una manera rápida e incomprensible para quien no tiene el oído acostumbrado, el contenido de los correos. Giovanni contesta algunos.
Su concentración es tal que, por momentos, olvida que estoy ahí y parece dialogar con el computador.
Lo peor, la gente
Luego de terminar con sus asuntos se dirige a una mesita y me ofrece un café. Sirve, sin regar una gota y con precisión me agrega las dos cucharadas de azúcar que le pido. Con una sonrisa me contesta la pregunta sobre cuál es su mayor lucha. “Mi lucha permanente no es contra mi limitación ni siquiera contra la ciudad, que a veces es agresiva, sino contra la gente que nos tiene miedo o nos excluye por
Antes de que empiece a grabar su testimonio ya ha dado otras tantas opiniones, siempre con una gran sonrisa.
Para Giovanni, la ciudad ha evolucionado y es optimista frente a lo que viene sucediendo. “En general, Medellín ha sido pionera en este aspecto. Un ejemplo son los semáforos sonoros, que son un gran avance y de mucha ayuda para nosotros. El Pasaje Carabobo tiene unos senderos, digamos, en un alto relieve para poderlos recorrer, las aceras de Medellín en la mitad tienen huellas que sirven de guía. Sin embargo, hay que tener en cuenta que apenas se están construyendo”.
Pero es sincero: “el espacio público es un asunto muy difícil, pues la ciudad todavía está desordenada. Pero estoy seguro de que en un año se verán resultados que nos ayuden a movilizarnos por las calles de Medellín tranquilamente”.
Acciones concretas
Para Liliana Ceballos, coordinadora del proyecto de Rehabilitación Basada en la Comunidad (RBC), que ejecuta el SENA, “para invidentes tenemos parte del cumplimiento de la norma legal como son semáforos sonoros, las cebras de orientación en las aceras. Pero hay una brecha grande, por ejemplo, en tecnología. Todavía pocas instituciones públicas y privadas tiene montado un sistema tecnológico para invidentes. Todavía hay una brecha en la accesibilidad a la comunicación y a los medios tecnológicos y espacios comunitarios pocos, todavía vemos a los invidentes como sujetos limitados”.
Sus palabras parecen hacer eco de las de Luis Braille, inventor del idioma para lectura de ciegos, quien escribió hace más de un siglo: “El acceso a la comunicación en su sentido más amplio es el acceso al conocimiento, y eso es de importancia vital para nosotros si no queremos continuar siendo despreciados o protegidos por personas videntes compasivas. No necesitamos piedad ni que nos recuerden que somos vulnerables. Tenemos que ser tratados como iguales, y la comunicación es el medio por el que podemos conseguirlo”.
Medellín es pionera
Sus palabras parecen hacer eco de las de Luis Braille, inventor del idioma para lectura de ciegos, quien escribió hace más de un siglo: “El acceso a la comunicación en su sentido más amplio es el acceso al conocimiento, y eso es de importancia vital para nosotros si no queremos continuar siendo despreciados o protegidos por personas videntes compasivas. No necesitamos piedad ni que nos recuerden que somos vulnerables. Tenemos que ser tratados como iguales, y la comunicación es el medio por el que podemos conseguirlo”.
Medellín es pionera
Por su parte, John Octavio Ortiz Lopera, arquitecto y coordinador de Diseños en la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), cree que el trabajo local es pionero en el país.
“Para a los discapacitados visuales lo que se emplea es el manejo de la loseta táctil, que tiene una norma la cual se ubica en todos los recorridos de los andenes de la ciudad. En este momento en los espacios públicos que estamos haciendo, por ejemplo, en las bibliotecas, en los paseos urbanos, en el Metro cable, en lo que hicimos en Carabobo, hay losetas táctiles. Es una loseta cuadrada de 40 centímetros, en concreto, estriada, que tiene una codificación que se maneja en estas ciudades, un código mundial con una serie normativa de cuándo llegan a cruces, cómo se debe manejar la loseta, cómo se deben manejar las estrías para generar alertas”, explica.
Sin embargo, reconoce el atraso: “sabemos que no somos las ciudad más avanzada en este tema pero ya empezamos... Esto no es un proyecto a corto plazo sino a largo plazo, en diez años se podrá ver una Medellín conectada a partir de grandes circuitos”.
Mientras tanto
Giovanni sale de su oficina, le pregunto y se deja acompañar. Despliega su bastón y comienza a caminar. A su lado trato de seguirle el paso sin interrumpirlo. En un momento de descuido alguien lo toma por el brazo y le hace cruzar la calle. Cuando lo alcanzo veo un cuadro caricaturesco: un buen samaritano con cara de satisfacción no entiende cuando él le aclara que no quería cruzar e indignado le dice que él no es sujeto de compasión.
Con una sonrisa bromista me dice que lo tome del brazo para evitar esos incidentes. Al llegar a un cruce me dice que el sonido es igual en cada semáforo y que lo que más le duele es que casi todos los sistemas sonoros, las cebras y los indicadores metálicos están deteriorados: “no vimos por dónde se fueron esos 500 millones que valió el programa”, me dice, con ironía.
Al final del camino, Giovanni sigue en la claridad de su inteligencia que es, para la mayoría de habitantes de Medellín, la ceguera de no verlos.
Un vistazo a la ceguera
La historia de los ciegos es tan antigua como la humanidad. Hay datos contrastados de la existencia de hombres y mujeres ciegos en las más ancestrales civilizaciones, como Grecia, Egipto o Mesopotamia.
En la mayor parte de las ocasiones se trata de adivinos o magos que hacían valer su falta de visión para proyectar su influencia en los demás. Sin embargo, en la mayor parte de los casos la ceguera va asociada a actividades de mendicidad y son excepcionales los casos en que han ejercitado otras profesiones alcanzando cierto realce social.
En Colombia, menos en Medellín, no existe un sistema de información preciso y actualizado de la condición de discapacidad de la población.
La entidad encargada de llevar el registro es el Departamento Nacional de Estadística (DANE), la cual en el documento “Proyecto de Diseño y Validación del Sistema Nacional de Información Estadística sobre la Discapacidad” indica que “el país incorporó por vez primera dentro del formulario de Censo de Población y Vivienda de 1993, una pregunta dirigida a determinar el número y tipo de discapacidades que afectaban la población colombiana; aún cuando el enfoque utilizado tenía serias dificultades para captar este tipo de información, se obtuvo un total de 593.618 personas censadas con discapacidad, para una prevalencia del 1.85 por ciento”.
Si se mantuviera esta tasa, a hoy, serían 813.000 personas con discapacidad. Las principales, en su orden de prevalencia: ceguera, sordera, retraso o deficiencia mental, parálisis o pérdida de miembros inferiores y superiores respectivamente y, por último, mudez.
En Medellín se hacen cuentas de unas cinco mil personas con ceguera parcial o total, lo que da cuenta de una población que ya no es tan minoritaria. (Un concejal necesita aproximadamente ese número de votos para entrar a disputar curul).

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